
Como cuando era chico, niño, pintaba,
amaba pasarme tardes en aquella casa de campo,
en Ascochinga.
Invierno, balcón casa de campo, vista al rió de un lado,
vista al barranco del otro lado.
Atril de espalda al rió, pinturas, colores, persona
que usa verdes, rojos, amarillos.
Los Cielos nunca fueron celestes.
Frió, invierno de 2000, bufanda a más no poder,
y pintar, olor a corral, olor a caballo, sonido del
arrollo al pie de la casa, el agua que corre sin parar,
decidida a comerse cuanta piedra o situación se le presente.
Porque es superior, y los sabe, está consciente de eso.
Tazón con leche hirviendo y saquito de té sumergido.
Tomo un trago y siento como se va acalorando mi cuerpo,
tomo otro trago y ya me quiero sacar la bufanda, tejida por
manos madres..
El té ya se va terminando y me encuentro frente a un cielo
con colores fucsia, amarillo y azul.
Mamá me preguntaría si no me hace frió, si no quiero entrar.
No, estoy feliz acá, estoy con los elementos que me hacen feliz, sin
amor, no me hace falta, o por lo menos no de ESE tipo de amor.
Tipos de AMOR.
En estos tiempos se hace preferido el momento en el que me siento
en el bacón de Ascochinga a pintar, sintiéndome limitado en cuanto
a mis movimientos para pincelar aquel bastidor a causa de la cantidad
de lana sobre mi cuerpo, que pesa tan solo 55 Kg.
Caballeriza que pasa por la puerta de mi casa, yo, sentado en la punta al
abismo del balcón, al barranco, los veo pasar y decido saludar, decido
agradar, como antes, como siempre que me siento amigo de lo natural.
- Adió
- Hola!
Asentimiento con la cabeza y sigue trotando el peón de potentes bigotes
oscuros, es hombre, todo un hombre. Tiene boina y botas de carpincho,
color marrón puro.
Sus bombachas de gaucho color verde aceituna rozan el pelaje de la yegua
que lo lleva, feliz porque se aman, ella sabe que es la preferida y con esto
vienen ciertas diferencias para con los demás equinos.
Taconeando al compás de los pasos herrados, con sus 6cm de madera al tono del
carpincho que cubre la pierna musculosa, el gaucho marca la velocidad que se le
antoja, casi de la misma manera en la que presionamos un acelerador, pero
casi más efectivo y confiable, a diferencia de esto último.
Yo sigo, el tinte va cubriendo el blanco natural del cartón entelado, se ven luces
y oscuridades, descripciones de mis sentimientos.
Se siente bien vivir en el campo, se siente bien cabalgar, se siente bien tenerte,
peón, todas las tardes en mi casa.
Algún día vas a bajar, atar la caballeriza al pino que está en frente de esta casa y,
con el sonido del golpear de la madera del taco de 6cm. al azulejo del piso, vas a caminar hasta mi té, y me vas a pedir uno, y vamos a hablar de caballos, pinturas y
TIPOS DE AMOR.
Fin.
amaba pasarme tardes en aquella casa de campo,
en Ascochinga.
Invierno, balcón casa de campo, vista al rió de un lado,
vista al barranco del otro lado.
Atril de espalda al rió, pinturas, colores, persona
que usa verdes, rojos, amarillos.
Los Cielos nunca fueron celestes.
Frió, invierno de 2000, bufanda a más no poder,
y pintar, olor a corral, olor a caballo, sonido del
arrollo al pie de la casa, el agua que corre sin parar,
decidida a comerse cuanta piedra o situación se le presente.
Porque es superior, y los sabe, está consciente de eso.
Tazón con leche hirviendo y saquito de té sumergido.
Tomo un trago y siento como se va acalorando mi cuerpo,
tomo otro trago y ya me quiero sacar la bufanda, tejida por
manos madres..
El té ya se va terminando y me encuentro frente a un cielo
con colores fucsia, amarillo y azul.
Mamá me preguntaría si no me hace frió, si no quiero entrar.
No, estoy feliz acá, estoy con los elementos que me hacen feliz, sin
amor, no me hace falta, o por lo menos no de ESE tipo de amor.
Tipos de AMOR.
En estos tiempos se hace preferido el momento en el que me siento
en el bacón de Ascochinga a pintar, sintiéndome limitado en cuanto
a mis movimientos para pincelar aquel bastidor a causa de la cantidad
de lana sobre mi cuerpo, que pesa tan solo 55 Kg.
Caballeriza que pasa por la puerta de mi casa, yo, sentado en la punta al
abismo del balcón, al barranco, los veo pasar y decido saludar, decido
agradar, como antes, como siempre que me siento amigo de lo natural.
- Adió
- Hola!
Asentimiento con la cabeza y sigue trotando el peón de potentes bigotes
oscuros, es hombre, todo un hombre. Tiene boina y botas de carpincho,
color marrón puro.
Sus bombachas de gaucho color verde aceituna rozan el pelaje de la yegua
que lo lleva, feliz porque se aman, ella sabe que es la preferida y con esto
vienen ciertas diferencias para con los demás equinos.
Taconeando al compás de los pasos herrados, con sus 6cm de madera al tono del
carpincho que cubre la pierna musculosa, el gaucho marca la velocidad que se le
antoja, casi de la misma manera en la que presionamos un acelerador, pero
casi más efectivo y confiable, a diferencia de esto último.
Yo sigo, el tinte va cubriendo el blanco natural del cartón entelado, se ven luces
y oscuridades, descripciones de mis sentimientos.
Se siente bien vivir en el campo, se siente bien cabalgar, se siente bien tenerte,
peón, todas las tardes en mi casa.
Algún día vas a bajar, atar la caballeriza al pino que está en frente de esta casa y,
con el sonido del golpear de la madera del taco de 6cm. al azulejo del piso, vas a caminar hasta mi té, y me vas a pedir uno, y vamos a hablar de caballos, pinturas y
TIPOS DE AMOR.
Fin.

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